Ojo seco en la menopausia.

Las lágrimas se originan en las glándulas lacrimales, situadas en la parte interna superior del ojo. Cuando se produce el llanto, se liberan las lágrimas que son dirigidas al lado interior de ojo y se canalizan a través del lacrimal.

Las lágrimas están compuestas principalmente de agua pero también contienen proteínas, lípidos, enzimas, y también glucosa, urea, sodio y potasio. La concentración de sales que contienen es equivalente al que encontramos en el plasma sanguíneo.

Una de las causas más frecuentes de ojo seco es la que se asocia con la menopausia.

El descenso de las hormonas sexuales produce alteraciones en el epitelio de la superficie ocular, en las glándulas lagrimales y las glándulas de meibomio, provocando la molesta sensación de “arenilla”, de sequedad en los ojos.

El cuadro de ojo seco que se produce asociado con la menopausia, tiene unas características especiales, se trata de un proceso ocular que suele ir acompañado de otros trastornos generales propios de la menopausia. Quizás lo que más destaca en nuestros pacientes es la ansiedad que ocasiona el proceso ocular.

Los médicos recomiendan el uso regular de lágrimas artificiales para suplantar la falta de las lágrimas, pero se trata de un tratamiento que no ayuda a regenerar el lagrimal perdido, por lo que al cronificarse el problema del ojo seco, el tratamiento con lágrimas artificiales es igualmente permanente.

Los oftalmólogos también proponen la inserción de tapones de colágeno en el interior del conducto naso-lagrimal (que sirve para vehiculizar el excedente de lágrimas desde los ojos a la nariz) o la cauterización (quemar) de los puntos lacrimales para retener las lágrimas y poder lubricar durante más tiempo la superficie del ojo. En todo caso, siempre es recomendable visitar a su oftalmólogo al menos una vez al año y con más razón si está padeciendo de ojo seco o síntomas similares.

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